Nunca le dije a mis padres que quería ser artista –Dios me librase- ni se me pasó precozmente por la cabeza como un destino anhelado ni sentí una precoz llamada de las musas ni nada de eso. Lo que sí me he considerado desde siempre es un gran mirón, un admirador de lo estéticamente virtuoso, un esclavo de la belleza como se definía así mismo un gran poeta que hace tiempo que sigue en lo mismo.
Crecí en la locura y el sano "todo es posible" de la Barcelona de los 80, por suerte o por desgracia; lo que hizo que el brío juvenil se imprimiese a fuego en mi. Mi tendencia hacia la contemplación de la belleza, el goce estético en todas sus formas y mi espíritu naturalmente creativo me llevó a descubrir tardía pero definitivamente la escultura como forma de realización personal y ara de sacrificios de fantasmas íntimos y obsesiones coyunturales (y demás catarsis para las que toda persona juiciosa, a mi entender, hace uso de su arte) Por esa época me había convertido ya en una notoria figura de la noche crápula barcelonesa; En un individuo en constante conflicto con la vida, realmente desnortado y caótico. Puedo afirmar casi con seguridad y sin ninguna intención de ser petulante o querer ofrecer una imagen de malditismo de manual, que la escultura me salvó el alma. De mi propia obstinación, de mi incoherente desesperación y de mi ego; de lo peor de uno mismo, vaya.
Mis obras son concebidas en distintos momentos de mi vida que como no puede ser de otra forma, se reflejan en su ejecución y definición final. Por ello, a día de hoy, de alguna manera, cada obra, por enérgica que esta sea, tiene implícita cierta tranquila gratitud por mi parte. Aunque puede ser que sólo yo la perciba, claro.


ESTA ES MI MEJOR CREACIÓN,

MI HIJO MAX.


Hablar de postmodernidad, de cualquier tipo de corriente o etiquetar mi obra – como se ha hecho- en su conjunto o por partes sería inútil y del todo incierto. Yo mismo no sabría qué decir. Lo que sí que puedo asegurar es que están creadas desde la más honda necesidad de alumbrarlas tal y como están acabadas y presentadas.
Soy un constructor o compositor más que un liberador de formas, parece evidente. Lo que puedo decir de mi obra es que es brutalmente honesta, y que tiene toda la fuerza de la verdad; cada pieza es como tiene que ser de la primera a la última brizna de acero. Y eso que siempre he concedido gran importancia a la improvisación, a la casual transformación que deviene en la creación de una obra, a las distintas posibilidades que se abren de repente en un momento dado. Mucha de mi obra ha aprovechado la imperfección como punto de partida o la ha conjugado con la perfección formal de alguna forma. Es una manera de crear muy intensa y muy abierta, y supone implicarse y vaciarse en ella por completo.
Podría decirse que mi arte es un proceso o trance impulsivo sometido periódicamente a reflexión estética. Sugerir intangibles procesos de inspiración o desvelar complejos sentimientos de iluminación estética sería falsear algo tan sencillo y directo que no necesita ser adornado con mística para justificarse.
Sí puedo hablar de esa urgencia creativa de dar cuerpo a algo que parece darse vida a sí mismo; de la absorción del trance en el proceso y de la satisfacción a veces eufórica de conseguirlo… como cualquiera que haya sentido en algún momento la bondad y la serena felicidad de contemplar un trabajo en el que ha puesto lo mejor de sí mismo; algo que de verdad lleva dentro, que estaba ahí.

Casi todas las piezas están dotadas de una energía y contundencia que no hacen sino reflejar el proceso, la acción creativa, que las materializa. Un procedimiento o una disciplina que sistematicé con el tiempo, consistente más que nada en canalizar el ímpetu creativo que me llevara en ese momento. Es innegable que en este sentido soy un autor emotivamente intenso. Únicamente las piezas más voluntariamente serenas y meditadas se escapan a esta suerte de arrebato elemental que parece inmanente en las esculturas.
Últimamente, como decía, he de decir que he templado algo las vehemencias de la juventud a favor de una producción más detallada a la par que equilibrada, incluso, en cierta manera, más matizada emocionalmente.
Como persona artística y obtusamente individualista he llevado mi forma de entender la belleza y el arte a todos los ámbitos de la vida y a todos los campos profesionales que cultivo y que pueden verse también en esta página.